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 Preface
 Juan de Miralles, un habanero amigo...
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Title: Juan de Miralles
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 Material Information
Title: Juan de Miralles un habenero amigo de Jorge Washington
Physical Description: 19 p. : ; 16 cm.
Language: Spanish
Creator: Portell-Vilá, Herminio, 1901-
Affiliation: University of Havana
Publisher: s.n.
Place of Publication: Habana
Publication Date: 1947
 Subjects
Subject: History -- Cuba -- To 1810   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Statement of Responsibility: Herminio Portell Vila
General Note: At head of title: Sociedad Columbista Panamericana, dia de Washington.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00081288
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000060495
notis - AAG5645
oclc - 00825267
oclc - 23818605

Table of Contents
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    Preface
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    Juan de Miralles, un habanero amigo de Jorge Washington
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SOCIEDAD COLOMBISTA PANAMERICANA
1732 DIA DE WASHINGTON 1947


JUAN DE MIRALLES, UN HABANERO
AMIGO DE JORGE WASHINGTON



por


Herminio .ortell Vila
Profesor de Historie de America,
Universidad de La Habana.


LA HABANA
1 9 4 7











EN ESTOS TERRENOS ESTUVO LA CA-
SA SOLARIEGA DEL HABANERO JUAN
DE MIRALLES TRAILHON, INICIADOR
DE LAS RELACIONES ENTIRE CUBA Y
LOS ESTADOS UNIDOS, DEFENSOR DE
LA INDEPENDENCIA NORTEAMERICA-
NA (1778-1780) Y GRAN AMIGO DE JOR-
GE WASHINGTON.
MURIO EL 28 DE ABRIL DE 1780 EN
MORRISTOWN, N. I., EN LA RESIDEN-
CIA DE WASHINGTON, QUIEN ESCRI-
BIO SOBRE EL: "...EN ESTE PAIS SE LE
QUERIA UNIVERSALMENTE Y DEL MIS-
MO MODO SERA LAMENTADA SU
MUERTE..."
HOMENAJE DE LA SOCIEDAD CO-
LOMBISTA PANAMERICANA EN LA
CONMEMORACION DEL NATALICIO
DE JORGE WASHINGTON.
22 DE FEBRERO DE 1947.


Texto de Id placa fijada por la Socie-
dad Colombista Panamericana en el
costado del edificio del Ministerio de
Estado de la Rep6blica de Cuba con
motive de la conmemoraci6n del 2159
aniversario del Natalicio de Jorge
Washington. Libertador de America.















JUAN DE MIRALLES, UN HABANERO AMIGO
DE JORGE WASHINGTON
Por HERMINIO PORTELL VILA

Cuando Luis XIV present al Duque de An-
jou a la Corte de Versalles como el nuevo rey
de Espafia y pronunci6 la famosa frase: "Se-
fnores: lya no hay Pirineos!", no s6lo di6 nue-
vos rumbos a la historic del mundo y precipi-
t6 a su pais, a Espafia y al resto de Europa en
la sangrienta Guerra de Sucesi6n, sino que, en
efecto, un gran nimero de franceses, de aqu6-
llos que habian nacido y vivido dentro de la
rivalidad franco-espafola, cuyo origen se re-
montaba a las Guerras de Italia, de repente se
encontraron con que disfrutaban de la nunca
imaginada posibilidad de penetrar tranquila-
mente en Espafia, avencindarse en ella y con-
vertirse en s6bditos de los nuevos reyes espa-
fioles de la Casa de Borb6n...
Entre esos soldados franceses de Felipe V
figure el capit6n de infanteria Juan de Mira-
lles o Mirailles y Timer, natural de la villa de









Monein, en el Beam, quien se radic6 en Espafia
y casado con Gracia Trailhon, tambi6n natu-
ral de la Navarra francesa, fund la familiar
Miralles-Trailhon. Juan de Miralles Trailhon,
el habanero a quien le estaba reservado de-
sempefiar un important papel en la Guerra de
Independencia de los Estados Unidos, naci6
en Petrel, Alicante, y creci6 con el dominion de
las lenguas espafola y francesa. Se dedic6
al comercio legitimo y al de contrabando, co-
mo buen levantino, adquiri6 algin capital y
un buen dia, ya con relaciones mercantiles en
Espaiia, Francia y la Gran Bretafia, cruz6 el
Atl6ntico y vino a establecerse en La Habana,
centro entonces del tr6fico de las flotas espa-
fiolas y tambi6n del contraband intercolonial
porque, a despecho de las prohibiciones me-
tropolitanas, los colonos britanicos de la Ame-
rica del Norte, los franceses de la Luisiana y
de las Antillas, y los espafioles de M6xico, Cu-
ba, Panamr, la Nueva Granada y el Rio de
La Plata, se compraban y se vendian sus res-
pectivos products, se capturaban los buques
unos a otros y se dedicaban sin escrfpulo al-
guno al lucrative negocio de capturar viajeros
y marines para libertarlos despu6s mediante
rescate, actividades todas en las que los cuba-
nos de la 6poca de la Guerra de la Oreja de
Jenkins no se quedaban atr6s.
Cuando Miralles lleg6 a La Habana, poco
despu6s de 1740, en seguida comprendi6 las
ventajas de la situaci6n, y se avecind6 en la








capital de la Isla. No tenia gran capital, ya
que en un testamento suyo del afio 1752, des-
cubierto con otros papeles de Miralles por el
notable y generoso investigator, don Arturo G.
Lavin, el nuevo vecino hacia constar que cuan-
do en 1744 se cas6 con dofia Maria Josefa Eli-
gio de la Puente, toda su fortune estaba calcu-
lada en ocho mil quinientos pesos. El matri-
monio fu6 muy prolifico, pues conocemos los
nombres y los particulares de la vida de ocho
hijos de don Juan de Miralles, un var6n y siete
hembras.
Miralles sobrevivi6 a la grave enfermedad
que le hizo temer por su vida y le llev6 a otor-
gar el testamento que acabamos de mencio-
nar. Se dedic6 a los negocios de compra'y ven-
ta de buques, al trfico de esclavos, a los fle-
tes maritimos y a la representaci6n de arma-
dores europeos, coloc6 sus ganancias en bie-
nes races y se enriqueci6. Es muy probable
que el matrimonio, que le habia hecho empa-
rentar con la influyente familiar de Eligio de la
Puente, algunos de cuyos miembros tenian
puestos importantes en el gobierno de Cuba y
de la Florida, contribuyese al aumento de los
caudales de Miralles. Viajaba much, especial-
mente entire San Agustin de la Florida y La
Habana, o sea, entire la terminal espafiola del
contrabando con las Trece Colonias brit6nicas
de la Am6rica 'del Norte, y el puerto central
del comercio espafiol con Hispano-Am6rica.
Con toda seguridad que asi se hizo de corres-









ponsales en Savannah, Charleston, Baltimore,
Filadelfia y otros puertos norteamericanos y
agreg6 el conocimiento del ingl6s al de los
otros idiomas que hablaba.
Veinte afios despu6s de su Ilegada a La Ha-
bana, durante la Guerra del Pacto de Familia,
en circunstancias misteriosas, Miralles se apa-
reci6 en La Habana como prisionero de la flo-
ta y el ej6rcito britdnicos que pusieron sitio a y
tomaron la capital de Cuba. Segun parece el
buque en que viajaba habia sido apresado
por la escuadra del almirante Pocock, que se
dirigia a La Habana, y los ingleses le habian
traido consigo. Miralles estuvo en libertad du-
rante la dominaci6n brit6nica (1762-1763), y se
dedic6 normalmente a sus actividades mercan-
tiles; pero entire los espafioles habia una cier-
ta sospecha de que aquel comerciante y na-
viero, de padres franceses, que hablaba va-
rios idiomas y que no hacia ascos a traficar
con herejes, no se habia mostrado muy ene-
migo de los ingleses, ni de los millares de co-
lonos norteamericanos que con ellos vinieron
a La Habana.
La restauraci6n espaiola, que persigui6 tan
cruelmente a quienes habian colaborado con
los invasores, no instituy6 procedimiento al-
guno, que se sepa, contra Miralles; pero no por
eso se desvanecieron las sospechas populares
que quizes si tambi6n eran expresi6n de envi-
dia entire los competidores del afortunado ne-
gociante por su creciente prosperidad. Muchos








aios despubs, en 1774, Miralles fu6 protagonis-
ta de un ruidoso incident al liarse a bastona-
zos, con quien en otra 6poca habia sido amigo
suyo, don Manuel Jos6 de Urrutia, al encon-
trarse ambos en el zagu6n de la casa de don
Francisco Javier Rodriguez, donde Urrutia hu-
bo de referirse en alta voz a Miralles como
traidor al rey de Espafia.
Eran 6sos los dias en que se reunia el Pri-
mer Congreso Continental, en Filadelfia, y en
los que la pugna entire las Trece Colonias nor-
teamericanas y la Gran Bretafia se iba enco-
nando y tenian lugar choques y atentados de
tipo revolucionario. Espafia habia perdido las
Floridas, entregadas a la Gran Bretafia a cam-
bio de la devoluci6n de La Habana; pero Mi-
ralles y los Eligio de la Puente habian conser-
vado sus relaciones de comercio en la penin-
sula floridana y las habian extendido hasta la
Luisiana, cedida por Francia a Espafia para
compensarla por las perdidas que habia su-
frido en la Guerra del Pacto de Familia. Por
todas parties Miralles tenia oportunidad de es-
tablecer contacts con los colonos norteameri-
canos y las noticias que recibia, comunicadas
al Capit6n General de Cuba y por 6ste trasmi-
tidas al gabinete de Madrid, mantenian al go-
bierno espafol y al de Francia, enterados del
curso de los acontecimientos. Los contraban-
distas norteamericanos, los traficantes de es-
clavos, los armadores de buques, los antiguos
corsarios, los comerciantes, etc., de las Trece








Colonias, es decir, los iguales y en algunos
casos los amigos y corresponsales de Miralles,
eran los que participaban do aquellos prime-
ros movimientos revolucionarios contra el rey
de Inglaterra.

El 4 de julio de 1776 se aprob6 la Declara-
ci6n de la Independencia de los Estados Uni-
dos; ya hubo choques armados en la Nueva
Inglaterra; los patriots emprendieron expe-
diciones contra las bases estrategicas brit6ni-
cas; se cre6 el Ej6rcito Continental, al maxdo
de Washington, y las Trece Colonias buica-
ron apoyo international para su esfuerzo li-
bertador en las potencias que tradicionalmen-
te habian sido enemigas de la Gran Bretamia.
Los gobernadores Luis de Unzaga y Bernmr-
do de G6lvez, de Luisiana, dependientes del
Capit6n General de Cuba, desde temprano
prestaron oidos a las solicitudes de ayuda he-
chas por el comerciante Oliver Pollock, anti-
guo amigo de Miralles durante los aios en
que havia vivido en La Habana, v desde Cu-
ba enviaron p6lvora, balas y vituallas para los
patriots norteamericanos que oDeraban del
otro lado de las Apalaches. En La Habana y
en Nueva Orleans entraron de supuesta arriba-
da forzosa los buques de las Trece Colonias a
reparar averias, aprovisionarse v hasta vender
press hecbas a los ingleses. Miralles, el ar-
mador de buaues, el comerciante-contraban-
dista que hablaba various idiomas, era el inter-








mediario entire los marines rebeldes y las au-
toridades espafiolas.
En 1777, el Capit6n General de Cuba reci-
bi6 instrucciones confidenciales para que en-
viase agents secrets a Jamaica, Haiti, Flori-
da y las Trece Colonias, con encargo de esta-
blecer contact con los rebeldes e informar al
gobierno espaiol. D. Luciano de Herrera fu6 en
viado a Jamaica, el coronel Antonio Raffelin
parti6 para Haiti. D. J. Josef Eligio de la Puen-
te, el cufiado de Miralles, tuvo la encomienda
de introducirse clandestinamente en la Florida
y agitar a los indios contra la dominaci6n in-
glesa, y el propio Miralles fu6 nombrado pa-
rc que desempefiase la dificil misi6n de ir a los
Estados Unidos, relacionarse con el Congreso
Continental y con el general Washington, pre-
parar la reconquista de las Floridas y acordar
la forma en que desde Cuba se podia ayudar
a la revoluci6n norteamericana, todo ello sin
dar sospecha alguna a los ingleses, a fin de
que la paz entire la Gran Bretafia y Espafia no
se rompiese sino cuando el gobierno de Ma-
drid hubiese completado sus preparativos de
guerra.
A Miralles no se le ocult6 el peligro de la
qesti6n que se le encomendaba y en la que
todo debia parecer cue lo hacia 61, por su cuen-
ta, hasta la prestaci6n de dinero con su firma,
de modo de nd comprometer a Espafia; pero
dej6ndole expuesto a las m6s duras sanciones
por parte de los ingleses, como espia o c6m-









police de los rebeldes, si caia en manos de
aqu6llos. En los iltimos dias de diciembre de
1777 hizo testamento y otorg6 poder por estar
"pr6ximo a seguir viaje a los Reinos de Cas-
tilla", y el 31 de diciembre sali6 de La Haba-
na, a bordo del bergantin "Nuestra Seiora del
Carmen", ostensiblemente en viaje a Espana;
pero en realidad con el prop6sito de desem-
barcar en Charleston, Carolina del Sur, con el
pretext de una arribada forzosa por mal tiem-
po. Miralles desembarc6 en Charleston, acom-
pafiado de su secretario, don Francisco Rend6n,
y cuando el barco espaiol hubo reparado las
supuestas averias, el comerciante habanero y
su ayudante se quedaron en los Estados Uni-
dos despues de haber hecho aquella jugada
maestra para despistar a curiosos y burlar a
espias.
Miralles se aplic6 en el acto al desempefio
de su misi6n. Valido de sus antiguas relacio-
nes de comercio reuni6 datos e informes y so-
licit6 y obtuvo audiencia del gobernador Ed-
ward Rutledge, con quien discuti6 los prelimi-
nares de un plan military dertinado a expulsar
a los brit6nicos de las Floiidas. El agent se-
creto necesitaba informar al gobernador de Cu-
ba acerca de sus trabajos, y el 13 de febrero
de 1778 envi6 sus primeros despachos en la
goleta de George Abbot Hall, la que flet6 car-
gada de mercancias para que con el produc-
to de la venta de las mismas el viaje le resul-
tase menos costoso. Miralles no se olvidaba de








que era comerciante y con el pretexto de en-
viar y recibir correspondencia compr6 una go-
leta, que bautiz6 "San Andr6s" y fund y man-
tuvo el primer comercio director entire Cuba y
los Estados Unidos, desde Charleston a La
Habana.
Una real orden de 21 de enero de 1778 ha-
bia aprobado el nombramiento de Miralles co-
mo comisionado en los Estados Unidos, pro-
puesto meses atrds por el Capit6n General de
Cuba, y cuando se celebr6 en Charleston con
un banquet la noticia del reconocimiento de
la independencia de los Estados Unidos por
Francia, Miralles oficialmente asisti6 a ese ac-
to, en el que hubo m6s de un brindis por Car-
los III. A fines de mayo dp 1778, Miralles em-
prendi6 su viaje a Filadelfia, por tierra, se en-
trevist6 en el camino con el patriota Abner
Nash, goberador de Carolina del Norte, y con
el insigne virginiamo Patrick Henry, y con ellos
sigui6 perfilando el proyecto para la campafia
contra los ingleses de las Floridas. Una de las
cartas de Miralles esti fechada el 22 de junior
en la pequefia poblaci6n de Yorktown, Virgi-
nia, entonces poco conocida y que pocos afos
despu6s seria teatro de la batalla decisive
contra la dominaci6n brit6nica en las Trece
Colonias.
A principios de julio, Miralles estd instalado
en Filadelfia, attia de acuerdo con el minis-
tro frances, M. Gerard, y se ha relacionado
con el Congreso Continental, que gobierna a








los Estados Unidos. Su mejor amigo lo es, na-
turalmente, aquel Robert Morris, llamado "el
financiero de la revoluci6n", encargado de
procurar dinero para los gastos de la guerra y
para mantener en actividad la vida econ6mi-
ca del pais. Es possible que Miralles y Morris
se conocieran de antiguo; pero si no fu6 asi, se
condujeron como viejos amigos. En octubre de
1778, los bergantines y goletas "Buckskin",
"Don Miralles", "Stephen", "San Antonio" y
"Havana", fletados por Miralles y Morris, es-
taban traficando entire La Habana y Filadelfia.
Miralles di6 su garantia personal en La Ha-
bana para que los buques de la escuadrilla del
comodoro Alexander Gillon, necesitados de re-
paraciones, fuesen carenados, reartillados y
abastecidos en el Arsenal, y su firma respal-
d6 un nimero de importantes transacciones de
las Cajas de Cuba con aquellas Trece Colonias
que estaban en bancarrota, financiando traba-
jos, compras y pr6stamos.
En realidad, Miralles, llevado de su entusias-
mo por la causa de los revolucionarios, fu6
much m6s alli de lo que podia esperarse de
su misi6n, y se convirti6 en apasionado defen-
sor de la independencia de los Estados Unidos,
hasta el extreme de arriesgarse econ6mica-
mente para ayudarla. Por otra parte, cuando
advirti6 que los norteamericanos de las Caro-
linas, Georgia y Virginia, estaban m6s intere-
sados en una empresa military contra las Flori-
das, con el prop6sito de conquistarlas para









si, que con la idea de entregarlas a Espaiia, su
consejo fue el de no aceptar convenio alguno
de operaciones conjuntas, sino la de lanzar la
operaci6n de reconquista desde La Habana.
No termin6 el afio 1778 sin que Miralles tu-
viera oportunidad de conocer y tratar a Jorge
Washington, durante la visit que el jefe del
ejercito y su estado mayor hicieron a Filadel-
fia. Con anterioridad Miralles se habia con-
vertido en un ardiente propagandista de las
virtudes de Washington, habia comprado seis
retratos del castellano de Mount Vernon, he-
chos por Charles Willson Peale, y los habia
enviado de regalo a La Habana, uno al Capi-
t6n General de la Isla, otro a su propio cufiado,
el senior Eligio de la Puente, un tercero a Don
Antonio Ram6n del Valle y los dem6s a distin-
tas personalidades. La admiraci6n y el afecto
por Washington se forta!ecieron en Miralles
despu6s de que le conoci6, y sus cartas al ma-
riscal Diego Jos6 Navarro, al Ministro de las
Indias, etc., durante el afio de 1779, estan lle-
nas de elogios, de los m6s sinceros y entusias-
tas que fueron tributados al Padre de la Patria
de los norteamericanos antes de que su gloria
se hiciera universal.
El 31 de diciembre de 1778, Washington fu6
el invitado de honor de Miralles en un gran
banauete que el-antiguo comerciante habanero
le ofreci6 y al que concurrieron todos los ele-
mentos representatives de la nueva naci6n. La-
fayete, Von Steuben, De Kalb y otros oficiales









europeos tambien estaban entire los comensa
les.
La sefiorial reserve de Washington se rom-
pi6 al calor de aquella nueva amistad, tan es-
pont6nea y sincere. No es de career que Was-
hington supiera con que ardor le elogiaba Mi-
ralles en su correspondencia; pero le cobro
gran estimaci6n, no exenta de gratitud, por la
diligencia que Miralles habia puesto en ayu-
-dar a los norteamericanos. Con efecto, m6s de
una vez el santo y sefia en el campamento de
Washington, en Middlebrook, N. J., fu6 "Don
Juan y Gerard", en homenaje a Miralles.
En 1779 Espafia declar6 la guerra a la Gran
Bretafia y comenz6 a hostilizarla. La represen-
taci6n de Miralles ante el Gongreso Continen-
tal fu6 direct y Carlos III le hizo saber que,
en premio a su actuaci6n, seria nombrado el
primer ministry plenipotenciario de Espaia an-
te los Estados Unidos. M6s estrechas fueron las
relaciones entire Miralles y Washington, uni-
das ambas naciones en el esfuerzo de guerra
contra los brit6nicos. En Cuba, financiadas esas
empresas militares con los recursos de la Is-
la y participando de las expediciones las mi-
licias criollas, de blancos y de negros, fu6 que
se hizo el principal esfuerzo bblico espaiol en
Ambrica, durante la Guerra de Independencia
de los Estados Unidos. Si elements de guerra
y dinero por m6s de medio mill6n de pesos,
garantizados por Miralles y sus familiares, fue-
ron entregados a los norteamericanos, de La








Habana salieron adem6s los conquistadores de
las Floridas, que hicieron prisioneros a millares
de soldados ingleses que asi no pudieron cor
batir en Yorktown, y las armas y municiones
con que George Rogers Clark y otros patriots
triunfaron en el valle del Ohio.
A principios de 1780, cuando las hostilidades
eran francamente favorables a los Estados
Unidos y los aliados, Miralles recibi6 instruc-
ciones de discutir con Washington los particu-
lares de la gran ofensiva general. Washing-
ton estaba en Morristown, N. J., con sus tropas,
y alli fu6 a verle Miralles... El 19 de abril, re-
cibido con grandes honors, lleg6 Miralles al
campamento de Washington y casi en seguida
se enferm6, sin que ni siquiera pudiera comen-
zar la gesti6n que le habia levado hasta alli.
Los m6dicos l1amados a asistirle diagnostica-
ron el caso como de suma gravedad e hicieron
todos los esfuerzos posibles para salvarle. La
propia Mrs. Washington ayud6 en la atenci6n
prestada al ilustre enfermo, cuyos amigos, en-
cabezados por el jefe del ej6rcito, acudian a
animarles. El 28 de abril de 1780 lleg6 el final -
y Miralles falleci6 lejos de su hogar y de su
familiar de La Habana, rodeado del afecto de
los libertadores del primer pueblo de Am6ri-
ca que alcanzaba su independencia y con los
que tan sinceranmente habia simpatizado. Was-
hington, Hamilton, Lafayette, Robert Morris y
otros muchos estadistas y militares formaron
en el cortejo finebre hasta el cementerio de








Morristown, donde fueron inhumados los res-
tos de Miralles. Al dia siguiente la pluma de
Alexander Hamilton, afios m6s tarde secreta-
rio del Tesoro, escribi6 la siguiente carta para
que la firmase el comandante general del
Ej6rcito Continental, Jorge Washington, quien
la envi6 al mariscal Diego Jose Navarro, Ca-
pit6n General de Cuba:
Cuartel General, Morristown, N. J., abril
30 de 1780.

Seiior:
Con profunda pena comunico a V. E.
la dolorosa noticia del fallecimiento de
don Juan de Miralles. Este desdichado
suceso tuvo lugar en mi residencia an-
tes de ayer, y los restos del senior Mira-
lles fueron enterrados ayer, con todo el
respeto debido a su caracter y a sus m6-
ritos. Me habia hecho el honor de visi-
tarme en compafifa del Ministro de Fran-
cia, y el mismo dia de su legada fu6
atacado de violentos dolores biliares, los
que, despu6s de nueve dias, pusieron
fin a su vida, no obstante todos los es-
fuerzos de los mejores m6dicos que pu-
dimos consultar. V. E. tendr6 la amabi-
lidad de career que con el mayor placer
hice todo lo que un amigo podia hacer
por 61 durante su enlermedad, y que no
se omiti6 cuidado o atenci6n por nues-








tra parte para su comodidad o restable-
cimiento. M6s sinceramente simpatizo
con V. E. por la plrdida de amigo tan
estimable, por cuanto que durante su re-
sidencia entire nosotros habia yo tenido
el gusto de contarle en el nimero de los
que son mfos. Debe ser de algin con-
suelo a sus familiares, sin embargo, el
saber que en este pais se le estimaba
universalmente y del mismo modo sern
lamentada su muerte.
APudiera solicitor de V. E. el favor de
que presentase mis respetos a la viuda
y demds familiares de nuestro amigo
desaparecido, ademcs de asegurarles
cuan sentidamente participo de su aflic-
cin en estas tristes circunstancias?
Tengo el honor de ser su atento S. S.
Geo. WASHINGTON.










DEL MISMO AUTHOR

Lo espafiol en los Estados Unidos. La Habana, 1938.
Evoluci6n hist6rica de la political y la democracia en
los Estados Unidos. La Habana, 1939.
Bolivar y el panamericanismo. La Habana, 1939.
Los prejuicios raciales y la integraci6n national norte-
americana. La Habana, 1940.
La vida sexual de la juventud norteamericana. La Haba-
na, 1940.
Las conspiraciones cubanas de 1850. La Hibana, 1940.
Historia de Cuba en sus relaclones con los Estados Uni-
dos y Espafia. 4 Vols. La Habana, 1938-1941 Vol. I,
1938. Vol. II, 1939. VoL III, 1939. Vol IV, 1941.
El "New Deal" norteamericano. La Habana, 1940.
El criollismo: su aparici6n y desarrollo en Cuba. La Ha-
bana, 1941.
Jorge Washington y su obra. La Habana, 1941.
Revaloraci6n de Cdspedes y de su obra revolucionaria.
La Habana. 1941.
What Have the Americas in common? University of
Chicago, 1941.
Bolivar y la democracia. La Habana, 1942.
Abraham Lincoln. La Habana, 1942.
La tesis de Monsefior Martinez Dalmau. La Habana, 1943.
Vidas de la unidad americana. La Habana, 1944.
Breve biograffa de Antonio Maceo. La Habana, 1945.
TRADUCCION

Froblemas de la Nueva Cuba, por la Com'isi6n de Asuntos
Cubanos de la Foreign Policy Association, traducida
de la obra en singles "Problems of the New Cuba."
iueva York, primer edici6n, 1935. La Habana, segun-
da edici6n, 1935.

EN PUBLICATION

Narciso Lpez y su epoca. Vols. II y III.
Historia de America.

EN PREPARATION

IHistoria de la revoluci6n universitaria cubana,1922-1935.




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